Pro Carbono, de Bayer: la agricultura digital, clave para la sustentabilidad

Por Equipo FieldView el 26/01/2022 17:40:49

Pro Carbono es un proyecto global de la compañía, que llegará a 100 millones de agricultores en todo el mundo y que ya está en marcha en Argentina. FieldView tiene un rol central en él. Lo explica Galo Benedit, referente de Bayer sobre esta iniciativa.

Muestra del suelo para el Proyecto Pro Carbono de Bayer

Llegar a 100 millones de pequeños agricultores en todo el planeta, ayudándolos a incorporar conocimiento y buenas prácticas para maximizar sus rendimientos de manera sustentable, es uno de los pilares del Proyecto Pro Carbono de Bayer, que por supuesto incluye a la Argentina. Y la agricultura digital es uno de sus pilares.

El objetivo central del proyecto es lograr una agricultura carbono neutral, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero y el impacto sobre el ambiente, a partir de prácticas sostenibles.

“Vemos a la agricultura de precisión y digital como una de las herramientas clave para participar en cada uno de estos pilares”, afirma Galo Benedit, integrante del equipo de Gestión de Proyectos de Sistemas Agronómicos Cono Sur de Bayer CropScience.

Detalles del proyecto Pro Carbono de Bayer

Dentro del proyecto, Benedit trabaja en la generación de información de sistemas integrados con herramientas digitales y en la implementación de ensayos y de prácticas avanzadas a nivel de campo. 

Desde esta posición, asegura: “FieldView es nuestra herramienta clave para poder implementar este tipo de proyectos; es el facilitador para la ejecución de todas las actividades y prácticas sustentables que estamos proponiendo”.

El especialista agrega que “desde el proyecto Pro Carbono estamos trabajando con una serie de prácticas de manejo sustentable que estamos trasladando al productor para que las implemente”.

En 2020, Bayer inició en la Argentina un plan piloto, junto a 28 productores, en 55 lotes, desde Salta y el Chaco en el norte, hasta el sur de la provincia de Buenos Aires y el centro de La Pampa.

“Eso nos dio un panorama regional, una oportunidad muy grande de trabajar a la par de los consultores e implementar diferentes prácticas con la realidad de cada uno de los productores”, menciona Benedit.

En esos lotes ya se recolectaron 11.000 muestras de suelo en el primer año, con las que se hicieron análisis de carbono, nitrógeno, macro y micronutrientes y estructura del suelo en distintas profundidades. 

De este modo se puede evaluar ese carbono en el suelo y otros factores que dan referencias de la influencia de esta agricultura más sustentable a lo largo del tiempo.

El papel de las herramientas digitales de FieldView

Para Benedit, las herramientas digitales de FieldView cumplen la función de aportar transparencia a los datos almacenados, ya que quedan claros para todos, aunque por supuesto también permiten llevar adelante aplicaciones variables, de precisión, en cada sitio, y medir incluso el impacto ambiental de las prácticas.

Galo Benedit, integrante del equipo de Gestión de Proyectos de Sistemas Agronómicos Cono Sur de Bayer CropScience“Al momento de la cosecha, el productor recolecta una capa continua de información, un mapa de productividad. A este lo podemos transformar en un mapa de biomasa y, subsiguientemente, en un mapa de carbono, que muestre cuánto carbono estamos aportando al lote”, enumera. 

A la vez, con la información de las distintas partes del lote, se puede avanzar y realizar un mapa de carbono en el suelo. Comprobar que en algunas partes se está capturando más o menos carbono para llegar, en definitiva, a un balance de las emisiones. 

El punto de partida para los productores que se suman al proyecto  comprende una evaluación socio ambiental, que se conecta también con el cumplimiento de diferentes normas del país o de la región, vinculadas a los desmontes y el trabajo infantil, por ejemplo.

Luego, el productor cuenta con una asesoría especializada para definir un plan de actividades a tres años, que incluye las rotaciones, si se pueden instalar cultivos de cobertura, especies en función del antecesor, estrategia de fertilización y otros aspectos.

“Para el armado de todo este plan a tres años, un consultor acompaña al productor durante todo el primer año, viendo en cada una de las etapas cómo implementar todas las herramientas, para que en los dos años posteriores pueda ejecutarlas de manera autónoma”, explica Benedit.

Los técnicos del Proyecto Pro Carbono vienen trabajando con universidades, el INTA y asociaciones de productores evaluando el impacto de estas prácticas en la acumulación de carbono y la reducción de emisiones, todo registrado con las completas y sencillas herramientas de agricultura digital que aporta FieldView.

Entre las prácticas conocidas que por supuesto se utilizan está la siembra directa, que ayuda a mejorar la aireación del suelo, evitando la mineralización de la materia orgánica. “Al mantener la siembra directa evitamos que ese carbono que ya introdujimos en el suelo se pierda en la atmósfera”, señala Benedit.

Junto con esta práctica, se recomienda la inclusión de cultivos de servicio o de cobertura, de modo de tener ocupado el lote el mayor tiempo que se pueda del año, transformando esos cultivos en biomasa.

Cultivo de servicio en la ciudad de Azul, provincia de Buenos Aires

Benedit añade que “la rotación de cultivos promueve una mayor biodiversidad de especies y los cultivos de cobertura nos dan una mayor biodiversidad de microorganismos”. 

De este modo, “somos más eficientes para descomponer todo ese carbono que le estamos aportando al suelo y transformarlo en un carbono más estable, que queda fijado en el suelo por más tiempo”, agrega.

A todo esto, se suma la decisión de maximizar la productividad, lo que implica maximizar la cantidad de biomasa producida. Una parte queda como residuos para los microorganismos, raíces que penetran y se estarán descomponiendo en el suelo. 

Todas estas acciones, junto con el monitoreo de plagas y enfermedades y la elección de la mejor genética, son impulsores de la productividad y de la captura de carbono.

Por medio de FieldView, apunta Benedit, se pueden definir estrategias de fertilizaciones particionadas de nitrógeno o el uso de sensores remotos para determinar por imágenes satelitales exactamente cuánto de nutrientes requiere cada sitio, para ser más eficientes en el uso de los recursos.

Lo mismo sucede con la implementación de agricultura digital para definir la densidad, asignándole a cada ambiente la cantidad específica de plantas justa para maximizar su productividad.

Imágenes satelitales que permiten mejorar la eficiencia en el uso de los recursosCon el seguimiento y la capacitación que le brinda el equipo de Bayer, los productores de Pro Carbono acceden a información estratégica y una transferencia de conocimiento muy importante. Por ejemplo, una de las nuevas prácticas que se está utilizando apunta a la integración de cultivos de invierno, como trigo, con otros de servicio, al mismo tiempo y dentro del mismo lote.

“Evaluamos cómo esta asociación de especies tiene un impacto positivo en ese mismo cultivo y en el posterior”, anota el referente. 

En este proceso, Bayer está trabajando con organismos certificadores a nivel internacional con el objetivo de validar todo este grupo de prácticas que confluyen hacia una agricultura carbono neutral y la reducción en las emisiones GEI (gases de efecto invernadero)

“Una de las posibilidades que analizamos desde Bayer es funcionar como un vínculo entre los productores que están capturando carbono y las empresas que generan emisiones y que pueden estar interesadas en las certificaciones que logran los productores para tener ese balance neutro que ya en muchos países se están comenzando a exigir”, señala Benedit.

Así, resume cómo, con foco claro en la sustentabilidad, esta agricultura Pro Carbono tiene también un impacto positivo en la productividad y construye un círculo virtuoso. Y en él, la agricultura digital juega un rol fundamental. ©

 

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